Entre los miles de libros que tengo pendientes por leer en esta vida, hasta hace muy poco se encontraba una de las novelas más conocidas de Gabriel García Márquez, «El amor en los tiempos del cólera». Me acordé de ella por la cuestión de la pandemia, no porque estuviese la primera de mi lista. Resulta que en mi casa, a pesar de tener un número considerable de libros, tengo sobre todo narraciones contemporáneas, vamos, lo último de cada autor, y a veces me cuesta recordar la cantidad de clásicos que me quedan por disfrutar, sobre todo, porque no los tengo a mano. Por cuestiones del destino, esta novela de Gabo estaba entre las cosas de mi marido y la tenía muy a mano llamándome a gritos para que la devorase. Lo hice.
Acababa de salir de un thriller, uno de esos se leen rápido, entretienen mucho y aportan poco, cuando me introduje en la vida de Florentino Ariza, de Fermina Daza y por supuesto de Juvenal Urbino. Hacía tiempo que no exprimía tanto la página de un libro, que no entraba en cada párrafo a oler, ver y sentir lo que sentían los protagonistas, que no me enamoraba. Alrededor de 400 páginas que me han llevado, en días de confinamiento, de viaje a Colombia, a conocer otra realidad, otro tiempo.
