Más de dos meses, y se dice pronto, es lo que llevamos en espera. De la misma forma que si nos hubieran dejado como un electrodoméstico en standby, seguimos aguardando a tener alguna certidumbre. Es verdad que ya podemos salir y que muchas empresas han vuelto, de una u otra manera, a abrir sus puertas para comenzar con la nueva normalidad. Una normalidad que funciona por fases que irán abriendo cada uno de los aspectos de la vida cotidiana.
Durante estos meses y después de habernos amoldado a esta nueva realidad, después de haber aprendido a llenar nuestro tiempo con actividades que van más allá del trabajo y el ocio como lo conocíamos, nos ha llegado el momento de establecer un nuevo horizonte, un objetivo que alcanzar en los próximos meses. Y desde luego, no va a ser fácil establecerlo, ya nada es seguro, tras este largo tiempo de confinamiento, muchos no vamos a saber dónde estamos ni qué será lo siguiente que podamos hacer. Los planes han cambiado y lo peor es que no sabemos como, y no lo sabremos hasta que la pandemia haya llegado a su fin.
Pero, ¿cómo establecemos nuestras nuevas metas? ¿cómo sabemos qué va a funcionar o cuándo podremos hacer que funcione? Yo, desde luego, busco cada día un nuevo camino pero aunque siga andando no dejo de tener la sensación de que no puedo llegar a avanzar.
No sé si estoy viviendo una vez tras otra el «Día de la Marmota» o si he sido la única persona que se ha quedado a escuchar la historia de Forrest Gump, lo que está claro es que de una vez por todas debemos avanzar de una forma responsable, y por supuesto… cumpliendo las normas.
