Veo fuego

No hay nada más acogedor que una chimenea encendida cuando el frío aprieta en la calle, nada más romántico que la llama de unas velas iluminando una cena, ni nada más purificador que una hoguera de San Juan. El fuego es vida, es calor, es parte de nosotros, y tiene tantas connotaciones positivas como negativas. A lo largo de este fin de semana hemos visto una de sus peores caras, la de aquellos que lo utilizan para sembrar el caos, para generar violencia y miedo, para protestar sin sentido y darle razón a aquellos que criticaban a la juventud como fuente de irracionalidad frente al estado sanitario actual.

Los disturbios de este fin de semana me han generado desasosiego, han conseguido hacerme pensar que de nada sirve vivir en la época de la comunicación, de la democratización de la información, de la educación gratuita y de calidad para todos. A muchos, de nada les sirve tener en su mano todo lo que necesitan para formarse, tener derechos y servicios, tener el poder de protestar por las injusticias… no saben utilizar las armas que les han repartido en la partida. Los actos violentos le restan legitimidad a la protesta, los robos anulan la parte de razón que puedan tener sus reivindicaciones, las barricadas, las piedras, los golpes no sirven de nada.

Claro que hay que seguir luchando por mantener nuestros derechos, esos que tanto costaron conseguir, esos que muchas veces penden de un hilo demasiado fino y que cualquier día pueden caer en el olvido. Claro que no podemos dejar que nos ninguneen, que debemos hacernos ver, pero no podemos perder los papeles y darles la excusa que necesitan para llamarnos salvajes. Está en nuestras manos, hemos de utilizar de la mejor forma las herramientas que tenemos para luchar y sobre todo, luchar por aquello que merezca la pena, que un botellón, por mucho que nos guste, no merece una protesta cuando se están perdiendo derechos sumamente importantes.

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