La generación en crisis

Soy milenial, pero milenial de las malas, de las que no tienen suerte. Terminé la carrera en 2009, en plena crisis, buscando una salida profesional que parecía alejarse cada vez más de mi camino. Aún así lo intenté, vaya si lo intenté… pero antes de caer ahogada, decidí abandonar ese sueño y buscar uno nuevo. Así que salí en busca de otras formas de ganarme la vida. Estudié nuevas opciones, me formé en nuevos campos y trabajé en aquellas cosas que aparecían frente a mi y que nada tenían que ver con los sueños que había forjado en mi cabeza. Y poco a poco, con esfuerzo empecé a ver resultados. Cada año mejor que el anterior, cada vez más cerca de la meta, cada paso más firme hacia lo que necesitaba.

Alcancé una meta, o al menos eso creía, me esforcé, me perdí en una vida dedicada al trabajo con pocas horas para mi y me embarqué en una rutina que me hizo perder la ilusión. Cuando ya estaba segura de que aquello no era lo que yo quería para mi, fueron otros los que decidieron que, efectivamente, esa vida no era para mi. Y llegó la caída a la siguiente crisis.

Dos crisis, dos momentos económicamente duros han sido los responsables de apalear a una generación que si sobrevive es porque pelea por ello. Trabajos precarios, sueldos bajos y poco reconocimiento. Eso sí, como diría Carmen Sevilla «la juventud está preparadísima», por supuesto, preparadísima para que el siguiente golpe no nos haga caer, si no que nos impulse.

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