¿Qué le ha pasado al periodismo?

De un tiempo a esta parte me pregunto cada vez más a menudo qué está pasando con el periodismo. Desde muy pequeña, siempre he pensado que la del periodista es una de las profesiones más bonitas que existen. Con multitud de herramientas a su alcance, quien la ejerce cuenta con la posibilidad de crear, de informar, de entretener… de hacer más rica y divertida la vida de los demás. Y no sólo es importante lo que se puede dar a los demás, también lo que se hace por quien lo desempeña, que puede descubrir, crecer, madurar…

El periodismo tiene el poder de enseñar, educar, disuadir, convencer y desengañar, da alas para investigar, averiguar, descubrir y formar. Puede trasladar para mostrar la realidad de cualquier parte del planeta y desenmascarar a quien miente. Es tan poderoso que se sienta cara a cara con la máxima autoridad y lo hace empuñando un arma cargada de palabras. Puede destruir y crear con una imagen.

Y sin embargo, a pesar de su poder para hacer las cosas bien, cada vez es más odiado, maltratado y rechazado.

Recibe críticas, las merece. Ha caído, se ha rendido al poder del dinero, a la necesidad de ganar por ganar, a no informar si hace daño al poderoso, al que pone las monedas en el bote, «no muerde la mano que le da de comer». El periodismo es en gran parte de los casos un escaparate al servicio del dinero, un maltrato a la verdad y una prisión para el que escribe, que cada vez más a menudo se encuentra encerrado en una espiral de desidia y desencanto que le hace abandonarse a la corriente mayoritaria. Existen medios, demasiados, que condenan la información al ciudadano para llenarse los bolsillos, que maltratan y extenúan al escrito y al escribiente, que han perdido el norte sin querer o con toda la intención.

Ante una situación tan mal pintada, cabe intentar averiguar si todo está perdido o existe alguna forma de encarar esta situación y encauzar el mundo de la comunicación. La hay, existe, tenemos esperanza, aún hay talento. Hay talento y hay ganas. Hay medios dedicados a buscar la verdad, periodistas que se juegan su integridad por conseguir una noticia, cámaras y fotógrafos que trasladan sensaciones a través de sus máquinas, hay creatividad, originalidad y emprendimiento. Hay futuro.

Pero, ¿cómo cerramos la herida creada por algunos medios y salvamos a la profesión? ¿cómo reconducimos a quiénes siguen como borregos el engaño al servicio del poder y del dinero? ¿cómo reeducamos para que cada usuario busque, compare, descubra y separe la verdad de la mentira? Ojalá existiese algo parecido a la educación y la cultura para conseguirlo, ojalá la curiosidad y las ganas de aprender siguiesen funcionando.

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