A veces echo de menos el verano. No es que no soporte el frío o que no sepa sacar el lado bueno a cada estación, es que el verano es especial. Adoro los días más largos y el calor, la cervezas en las escaleras del bar y cenar cualquier cosa hecha con la parrilla. Adoro pensar a qué fiesta voy ese fin de semana y sudar durante el día para terminar la noche con una sudadera. Si miro al cielo y está azul, a veces puedo sentir que todavía es verano.
Esta reflexión escribía hoy en la imagen de @Pardilla365 en este primer día de diciembre, este sentimiento que lleva acompañándome desde que comenzaron a menguar los días. Nunca me había parado a pensar tan a fondo lo que significaba para mi el verano. Nunca había tenido tiempo de valorar el aire libre, la luz y la temperatura de los meses estivales. Quizá es por los cambios en mi vida laboral, quizá las restricciones del coronavirus o quizás porque vivo más consciente de la realidad, el caso es que me doy cuenta de que este año echo más de menos que nunca el verano
